Una inundación en un sótano, garaje o foso hay que tratarla con orden: primero seguridad, después retirar el agua y por último secar. Actuar rápido reduce el riesgo de moho y de daños en paredes y suelo.
Si el cuadro eléctrico está dentro del espacio inundado, no entres: corta la corriente desde fuera o llama a un electricista. Si hay caldera o instalación de gas, corta también el suministro y ventila antes de entrar.
Saca cajas, textiles y objetos que hayan estado en contacto con el agua antes de empezar a achicar; el agua acumulada suele arrastrar bacterias y la mayoría de estos objetos ya no se recuperan.
Para volúmenes grandes o sin desagüe en el propio espacio, hace falta una bomba: sumergible si el agua está limpia, de lodos si arrastra sólidos o barro. Si las paredes exteriores todavía tienen presión de agua fuera, conviene no vaciar del todo de golpe, para no forzar la estructura.
Una vez fuera el agua, ventila y usa un deshumidificador para acelerar el secado de paredes y suelo. El moho puede aparecer en las primeras 24–48 horas, así que conviene no dejar pasar días entre achicar y secar.

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